El Blog de Askain

Escribir...escribir (To Write)

Un procesador de palabras on-line

Fue una sorpresa al revisar los premios de las mejores hojas web del año de 2.006 encontrar un excelente procesador de palabras para ser utilizado en internet y colocarlo en un blog, en un WIKI en forma digital. ¿para qué sirve tener esta herramienta?, bueno porque con esa herramienta usted puede escribir algo que le interese y luego puede invitar a alguna persona, via su e-mail, para que edite lo que usted escribió o bien para que suba alguna imagen al documento escrito. Desde el punto de vista docente es adecuado para que varios alumnos escriban en forma cooperativa un trabajo de clase y luego lo coloquen en su blog o en el Blog del profesor, etc... El nombre del procesador es :WRITELY y este es el enlace:

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  • 7.7.06 01:36, comment

    Una reflexión importante

    LA PRIMERA LEY DE LA PETROPOLÍTICA (Foreign Policy)
      Thomas Friedman

     El presidente iraní niega el Holocausto, Hugo Chávez manda a los
     líderes occidentales al infierno, y Vladímir Putin ha sacado el
     látigo. ¿Por qué? Porque saben que el precio del petróleo y el ritmo
     de la libertad siempre se mueven en direcciones opuestas. Ésta es la
     primera ley de la petropolítica, y podría ser el axioma que explicara
     nuestra época.
     Thomas Friedman

     Cuando oí al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, declarar que el
     Holocausto era un mito, no pude evitar pensar: "Me pregunto si estaría
     hablando de esta manera si el petróleo estuviera a 20 dólares el
     barril (15,5 euros) en lugar de 60". Cuando escuché al presidente de
     Venezuela, Hugo Chávez, mandar al primer ministro británico, Tony
     Blair, "derecho al infierno" y decir a sus defensores que el Acuerdo
     del Área de Libre Comercio de las Américas, que promueve Estados
     Unidos, podía "irse al infierno" también, no pude evitar pensar: "Me
     pregunto si estaría diciendo estas cosas si el crudo estuviera a 20
     dólares en lugar de 60, y si su país tuviera que funcionar impulsando
     la creación de empresas y no sólo perforando pozos".

     Siguiendo los acontecimientos en el golfo Pérsico en los últimos años,
     me di cuenta de que el primer país árabe de la región que celebró
     elecciones libres y justas en las cuales las mujeres podían
     presentarse como candidatas y votar, y el primero en llevar a cabo una
     reestructuración a fondo de su legislación laboral para facilitar la
     contratación de sus habitantes y hacerlos menos dependientes del
     trabajo importado fue Bahrein. Y resulta que Bahrein es también el
     primero donde se agotarán las reservas de petróleo. Además fue el
     primero en firmar un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. Y
     no pude evitar preguntarme: "¿Puede todo esto ser sólo una
     coincidencia?" Al final, cuando examiné todo el mundo árabe y vi cómo
     los activistas de la democracia popular en Líbano expulsaban a las
     tropas sirias, no pude evitar decirme a mí mismo: "¿Es una mera
     casualidad que la primera y única democracia real del mundo árabe no
     tenga una sola gota de petróleo?".
     

     Cuanto más ponderaba estas preguntas, más obvio me parecía que tiene
     que haber una correlación –una correspondencia literal que podría
     medirse y plasmarse en un gráfico– entre el precio del petróleo y el
     ritmo, alcance y sostenibilidad de las libertades políticas y de las
     reformas económicas en determinados países. Hace algunos meses, me
     dirigí al director de la edición estadounidense de FP, Moisés Naím, y
     le pregunté si podíamos hacer justo eso: intentar cuantificar esta
     intuición de forma visual. A lo largo de uno de los ejes se pondría el
     precio medio global del crudo y en el otro, el ritmo de expansión o
     contracción de las libertades, tanto económicas como políticas, de la
     mejor forma en que organizaciones de investigación y análisis como
     Freedom House pudieran medirlas. Examinaríamos las elecciones libres y
     justas celebradas, los periódicos lanzados o cerrados, los arrestos
     arbitrarios, los reformistas elegidos para el Parlamento, los
     proyectos de cambio económico, las empresas privatizadas y
     nacionalizadas.

     Soy el primero en reconocer que esto no es un experimento científico
     de laboratorio, porque el auge y caída de la libertad económica y
     política en una sociedad nunca puede ser del todo cuantificable. Pero,
     dado que no estoy buscando que me den un puesto de trabajo en ningún
     sitio, sino más bien intentando confirmar una corazonada, merece la
     pena intentar demostrar esta correlación entre el precio del petróleo
     y el ritmo de la libertad, incluso con sus imperfecciones. Puesto que
     el creciente precio del crudo va a ser un factor de primer orden que
     defina las relaciones internacionales en el futuro cercano, hay que
     intentar comprender sus conexiones con la política global. Y los
     gráficos aquí expuestos sugieren que existe una fuerte conexión entre
     el precio del petróleo y el ritmo de la libertad; tanto que quisiera
     iniciar este debate ofreciendo la primera ley de la petropolítica.

     LA 'ENFERMEDAD HOLANDESA'
     

    La primera ley de la petropolítica postula lo siguiente: el precio del
     crudo y el ritmo de la libertad siempre se mueven en direcciones
     opuestas en Estados petroleros ricos en crudo. Cuanto más alto sea su
     precio medio global, más se erosionan la libertad de expresión, la de
     prensa, las elecciones libres y justas, la independencia del poder
     judicial y de los partidos políticos y el imperio de la ley. Y estas
     tendencias negativas se refuerzan por el hecho de que cuanto más sube
     el precio, menos sensibles son los gobernantes con petróleo a lo que
     el mundo piensa o dice de ellos. Y, al contrario, cuanto más bajo sea
     el precio del crudo, más obligados se ven esos países a avanzar hacia
     un sistema político y una sociedad más transparentes, más sensibles a
     las voces de la oposición y más centrados en crear las estructuras
     legales y educativas que maximizarán la capacidad de su pueblo de
     competir, crear nuevas empresas y atraer inversiones del extranjero.
     Cuanto más cae el precio del oro negro, más sensibles son los líderes
     productores de petróleo a lo que las fuerzas externas piensan de ellos.

     Yo definiría los países petroleros como aquellos que dependen de la
     producción de crudo para el grueso de sus exportaciones o de su
     producto interior bruto (PIB) y que, al mismo tiempo, poseen
     instituciones estatales débiles o gobiernos autoritarios. A la cabeza
     de esa lista estarían Azerbaiyán, Angola, Chad, Egipto, Guinea
     Ecuatorial, Irán, Kazajistán, Nigeria, Rusia, Arabia Saudí, Sudán,
     Uzbekistán y Venezuela. Los que tienen mucha cantidad de este
     hidrocarburo pero que eran Estados bien asentados con instituciones
     democráticas sólidas y economías diversificadas antes de descubrir su
     oro negro –Reino Unido, Noruega y EE UU, por ejemplo– no estarían
     sujetos a esta ley.

     Desde hace tiempo, los economistas han resaltado las negativas
     consecuencias tanto económicas como políticas que la abundancia de
     recursos naturales puede tener para un país. Este fenómeno ha sido
     bautizado como la enfermedad holandesa o la maldición de los recursos.
     El primer nombre se refiere al proceso de desindustrialización que
     puede resultar de la obtención de unos repentinos ingresos procedentes
     de la explotación de recursos naturales. El término se acuñó en los
     Países Bajos en los 60, después de que allí se descubrieran unos
     enormes depósitos de gas natural. Lo que ocurre en los países que la
     padecen es que aumenta el valor de sus monedas, gracias al repentino
     flujo de capital procedente del petróleo, el oro, el gas, los
     diamantes o algún otro recurso natural. Esto hace que sus
     exportaciones de productos se vuelvan poco competitivas y sus
     importaciones, muy baratas. Los ciudadanos empiezan a importar como
     locos, la industria nacional desaparece y se produce la
     desindustrialización con rapidez. La maldición de los recursos puede
     referirse al mismo fenómeno económico, así como, en sentido más
     amplio, a la forma en que la dependencia de los recursos naturales
     siempre sesga la política y las prioridades de inversiones y educación
     de un país, de modo que todo gira en torno a quién controla el grifo
     del oro negro y quién obtiene cuánto de ello, y no en cómo competir,
     innovar y producir productos reales para mercados reales.
     No pude evitar preguntarme: "¿Es una mera casualidad que la primera y
     única democracia real de esa región (Líbano) no tenga una sola gota de
     petróleo?"

     Al margen de estas teorías generales, algunos politólogos han
     explorado cómo la abundancia de riqueza petrolera en particular puede
     revertir o erosionar las tendencias democratizadoras. Uno de los
     análisis más agudos que he leído es el trabajo del politólogo Michael
     Ross, de la Universidad de California (UCLA, Los Ángeles, EE UU).
     Empleando un análisis estadístico de 113 países entre 1971 y 1997,
     concluyó que "la dependencia [de un Estado] de las exportaciones de
     petróleo o de minerales tienden a hacerlo menos democrático; que otros
     tipos de exportaciones primarias no causan este efecto; que no se
     limita a la península Arábiga, Oriente Medio o al África subsahariana,
     y que no se circunscribe a países pequeños".

     Lo que encuentro más útil de este análisis es su exposición de los
     precisos mecanismos mediante los cuales un exceso de riqueza petrolera
     obstaculiza la democracia. En primer lugar, argumenta Ross, está "el
     efecto impuestos". Los gobiernos ricos en crudo suelen utilizar sus
     ingresos para "aliviar las presiones sociales que de otro modo podrían
     suponer exigencias de mayor responsabilidad". Me gusta expresarlo de
     esta otra manera: el lema de la revolución americana era "no hay
     impuestos sin representación"; el del líder autoritario petrolero es
     "no hay representación sin impuestos". Los regímenes respaldados por
     el oro negro que no tienen que gravar a sus ciudadanos porque pueden
     perforar un pozo nuevo, tampoco tienen que escuchar a sus ciudadanos o
     representar sus intereses. El segundo mecanismo es "el efecto gasto".
     La riqueza petrolera conduce a mayores desembolsos en mecenazgos, lo
     que a su vez alivia las presiones democratizadoras. El tercero es "el
     efecto de formación de grupos". Cuando los ingresos del crudo
     proporcionan a un régimen autoritario ganancias inesperadas, éste
     puede utilizarlas para impedir la formación de grupos sociales
     independientes, los más inclinados a exigir derechos políticos.
     Además, argumenta el politólogo, una superabundancia de ingresos del
     petróleo puede crear "un efecto represión", porque permite a los
     gobiernos gastar en exceso en policía, seguridad interna y servicios
     de inteligencia, que pueden utilizarse para obstruir movimientos
     aperturistas. Por último, el autor ve un "efecto modernización". Una
     gran afluencia de riqueza petrolera puede reducir las presiones
     sociales para que se impulse la especialización laboral, la
     urbanización y la garantía de mayores niveles de educación, tendencias
     que normalmente acompañan a un amplio desarrollo económico y que
     también generan una ciudadanía que es más elocuente, más capaz de
     organizarse, negociar y comunicarse, y que está dotada de centros de
     poder económico propios.

     La primera ley de la petropolítica se rige por dichos argumentos, pero
     intentando llevar la correlación entre petróleo y política un paso más
     lejos. Lo que sostengo es no sólo que una excesiva dependencia del
     crudo puede ser una maldición en general, sino también que pueden
     conectarse aumentos y descensos del precio del petróleo con
     incrementos y parones del ritmo de la libertad en los países
     petroleros. Como demuestran estos gráficos, el ritmo de la libertad
     empieza a ralentizarse cuando el precio del oro negro comienza a
     despegar.

     La razón por la que merece la pena centrarse ahora en esta relación
     entre el precio del petróleo y la libertad es que parece que asistimos
     al comienzo de un aumento estructural de los precios globales del
     crudo. Si ése es el caso, es casi seguro que tendrá un efecto a largo
     plazo en el carácter de la política en muchos Estados débiles o
     autoritarios. Eso, a su vez, podría tener un impacto global negativo
     sobre el mundo posterior a la guerra fría tal y como lo conocemos.

     ¿UN 'EJE DEL PETRÓLEO'?

     Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, los
     precios han subido desde una horquilla de entre 20 y 40 dólares a un
     rango de entre 40 y 70. Parte de este movimiento tiene que ver con una
     sensación de inseguridad general en los mercados de petróleo globales
     debido a la violencia en Irak, Nigeria, Indonesia y Sudán, pero otra
     parte aún mayor parece ser el resultado de lo que yo llamo "el
     aplanamiento" del mundo y la rápida entrada en el mercado global de
     3.000 millones de consumidores nuevos procedentes de China, Brasil,
     India y el antiguo imperio soviético, todos ellos soñando con una
     casa, un coche, un microondas y un frigorífico. Su creciente sed de
     energía es enorme. Esto ya es, y seguirá siendo, una fuente constante
     de presión sobre el precio del crudo. A menos que se produzca un
     fuerte giro ecologista en Occidente o se descubra una alternativa a
     los combustibles fósiles, en el futuro inmediato vamos a permanecer en
     este rango de entre 40 y 70 dólares, o más.
     Políticamente, esto hará probable que todo un grupo de países
     petroleros con instituciones débiles o gobiernos abiertamente
     autoritarios experimenten una erosión de las libertades y un aumento
     de los comportamientos corruptos, autocráticos y antidemocráticos. Los
     dirigentes de estos Estados pueden esperar un incremento significativo
     de sus ingresos disponibles para crear cuerpos de seguridad, sobornar
     adversarios, comprar votos o apoyo público, y resistirse a acatar las
     normas y convenciones internacionales. No hay más que coger el
     periódico cualquier día de la semana para constatar esta tendencia.

     Por ejemplo, un artículo de febrero de 2005 en The Wall Street Journal
     sobre cómo los ayatolás de Teherán –exaltados por el dinero gracias a
     los elevados precios del petróleo– están volviéndole la espalda a
     algunos inversores extranjeros en lugar de sacarles la alfombra roja.
     Turkcell, un operador turco de telefonía móvil, había firmado un
     acuerdo con Irán para construir la primera red de telefonía móvil de
     propiedad privada del país. Se trataba de un acuerdo atractivo. La
     operadora acordó pagar 300 millones de dólares (unos 230 millones de
     euros) por la licencia e invertir 2.250 millones, lo que habría creado
     20.000 puestos de trabajo. Pero los mulás del Parlamento congelaron el
     contrato, alegando que podría ayudar a los extranjeros a espiar a su
     país. Alí Ansari, un experto en Irán de la Universidad de Saint
     Andrews (Escocia), señala en The Wall Street Journal que los analistas
     iraníes llevaban 10 años abogando por las reformas económicas. "La
     realidad es que la situación es peor ahora", dice. "Tienen mucho
     dinero gracias a los altos precios del petróleo y no necesitan
     reformar la economía". O bien se puede echar un vistazo a un reportaje
     sobre la República Islámica en el número del 11 de febrero de The
     Economist, que apuntaba: "El nacionalismo cae mejor en un estómago
     lleno y el señor Ahmadineyad es el afortunado presidente que espera
     recibir, a lo largo del próximo año iraní, en torno a 36.000 millones
     de dólares en ingresos por exportaciones de petróleo para ayudar a
     comprar lealtades. En su primera ley presupuestaria, que está
     tramitándose en el Parlamento, el Gobierno ha prometido construir
     300.000 viviendas, dos tercios de ellas fuera de las grandes ciudades,
     y mantener las subvenciones a la energía, que ascienden a un asombroso
     10% del PIB".

     O considérese el drama que se desarrolla en la actualidad en Nigeria.
     Sus presidentes tienen un límite de mandatos: dos de cuatro años. El
     presidente Olesegun Obasanjo accedió al poder en 1999, después de un
     periodo de gobierno militar, y fue reelegido por votación popular en
     2003. Cuando asumió el poder saltó a los titulares de prensa por
     investigar violaciones de los derechos humanos por parte de los
     uniformados, liberar a prisioneros políticos e incluso por hacer un
     intento real de erradicar la corrupción. Esto era cuando el precio del
     crudo estaba en torno a 25 dólares el barril. Hoy día, con el crudo a
     70 dólares, Obasanjo está intentando persuadir a los legisladores para
     que modifiquen la Constitución de modo que le permita obtener un
     tercer mandato. Un líder de la oposición en la Cámara de
     Representantes, Wunmi Bewaji, ha alegado que "se estaban ofreciendo a
     los parlamentarios sobornos de un millón de dólares por voto", según
     se citaba en un artículo de Voice of America News del 11 de marzo. "Y
     esto lo ha coordinado un alto representante del Senado y un alto
     representante de la Cámara".

     Clement Nwankwo, uno de los principales activistas de los derechos
     humanos de Nigeria, me dijo en marzo que desde que el precio del
     petróleo ha empezado a subir, "las libertades públicas [han ido] en
     fuerte declive: se han producido arrestos arbitrarios, se ha asesinado
     a adversarios políticos y las instituciones democráticas han sufrido
     daños". El petróleo representa el 90% de las exportaciones del país
     africano, añade Nwankwo, y eso explica, en parte, por qué, de repente,
     se ha producido un aumento de los secuestros de empleados extranjeros
     de petroleras en el delta del Níger, muy rico en crudo. Muchos
     nigerianos creen que estos trabajadores deben estar robando crudo
     porque lo que está llegando a la población es una parte muy pequeña de
     los ingresos del oro negro.

     Con mucha frecuencia, en los países petroleros no sólo ocurre que toda
     la política gira en torno a quién controla el grifo del crudo, sino
     que el público adquiere una noción distorsionada de en qué consiste el
     desarrollo. Si son pobres y sus dirigentes son ricos, no es porque su
     país no haya promovido la educación, la innovación, el Estado de
     derecho y la creación de empresas. Es porque alguien se está llevando
     el dinero del petróleo. La gente empieza a pensar que, para hacerse
     ricos, no tienen más que pararles los pies a quienes se lo llevan, y
     no construir una sociedad que promueva la educación, la innovación y
     la creación de empresas.


     Si George Bush se asomara hoy al alma del presidente ruso (Putin II,
     el del crudo a 70 dólares el barril) vería que está muy negra, tan
     negra como el petróleo
     
     El vínculo entre los precios del oro negro y el ritmo de la libertad
     es tan estrecho en algunos países que un aumento repentino del primero
     puede desviar del sendero de las reformas económicas y políticas hasta
     a los dirigentes más previsores. Considérese Bahrein, que sabe que su
     crudo se está agotando, y ha sido un modelo sobre cómo la caída de su
     precio puede impulsar las reformas. "Ahora nos va bien gracias a que
     el precio del petróleo está alto. Esto podría llevar a los gobernantes
     a ser complacientes", señaló recientemente a Gulf Daily News Jasim
     Husain Alí, director de la unidad de investigación económica de la
     Universidad de Bahrein. "Esta tendencia es muy peligrosa, ya que los
     ingresos del crudo no son sostenibles. La diversificación [de Bahrein]
     puede ser suficiente para los niveles del Golfo, pero no según los
     estándares internacionales".

     LA GEOLOGÍA MARCA LA IDEOLOGÍA

     Con el debido respeto a Ronald Reagan, no creo que él hiciera caer a
     la Unión Soviética. Obviamente hubo muchos factores, pero el colapso
     de los precios del petróleo en todo el mundo hacia finales de los 80 y
     comienzos de los 90 desempeñó, sin duda, un papel clave (cuando la
     Unión Soviética se disolvió oficialmente el día de Navidad de 1991, el
     precio del barril rondaba los 17 dólares). Y también ayudaron a
     encaminar el Gobierno poscomunista de Boris Yeltsin hacia una
     profundización del Estado de Derecho, una mayor apertura al mundo
     exterior y más sensibilidad a las estructuras legales exigidas por los
     inversores globales. Y luego llegó Vladímir Putin. Piénsese en la
     diferencia entre el presidente ruso de cuando el petróleo estaba en un
     rango de entre 20 y 40 dólares y el de ahora, que se sitúa entre 40 y
     70. Entonces, tuvimos lo que yo llamaría "Putin I". Después de su
     primer encuentro con él, en 2001, el presidente Bush dijo que se había
     asomado al "alma" del ex director del KGB y que vio un hombre en el
     que podía confiar. Si el presidente de Estados Unidos se asomara hoy
     al alma del presidente ruso (Putin II, el de 70 dólares el barril)
     vería que está muy negra, tan negra como el petróleo. Observaría que
     el líder de Moscú ha utilizado las ganancias inesperadas del crudo
     para tragarse (nacionalizar) la enorme compañía petrolera rusa,
     Gazprom, varios periódicos y cadenas de televisión, y toda clase de
     empresas rusas e instituciones antaño independientes.

     Cuando, a comienzos de los 90, los precios estaban en el nadir,
     incluso países petroleros árabes como Kuwait, Arabia Saudí y Egipto
     –este último, poseedor de unos sustanciales depósitos de gas– por lo
     menos hablaban de reformas económicas, cuando no de tímidos cambios
     políticos. Pero desde que comenzaron a subir, todo el proceso se
     ralentizó, sobre todo en el campo político. A medida que se acumule
     más y más riqueza de crudo en los países petroleros, esto podría
     empezar a distorsionar mucho todo el sistema internacional y la
     naturaleza misma del mundo posterior a la guerra fría. Cuando cayó el
     muro de Berlín, se extendió la creencia de que también se había
     desatado una marea imparable de mercados libres y democratización. La
     proliferación de elecciones libres en todo el mundo durante la década
     posterior convirtió aquella oleada en algo muy real. Pero en la
     actualidad se está encontrando con una contramarea imprevista de
     petroautoritarismo, que está siendo posible gracias a que el petróleo
     está a 70 dólares el barril. De repente, regímenes como Irán, Nigeria,
     Rusia y Venezuela están batiéndose en retirada de lo que parecía un
     imparable proceso de democratización, y autócratas elegidos en las
     urnas están utilizando estas repentinas ganancias para acomodarse en
     el poder, comprar a adversarios y defensores, y ampliar el control
     estatal al sector privado.

     Aunque el petroautoritarismo no representa la amenaza estratégica e
     ideológica que el comunismo supuso para Occidente, su impacto a largo
     plazo podría corroer la estabilidad mundial. No es sólo que algunos de
     los peores regímenes tendrán dinero extra durante más tiempo que nunca
     para hacer las cosas más horribles, sino que países democráticos
     –India y Japón, por ejemplo– se verán obligados a doblegarse o a mirar
     hacia otro lado ante el comportamiento de Irán o Sudán, debido a su
     fuerte dependencia de ellos.

     Quisiera destacar de nuevo que me consta que las correlaciones que
     estos gráficos sugieren no son perfectas y, sin duda, hay excepciones.
     Pero creo que ilustran una tendencia general que uno puede ver
     reflejada en las noticias todos los días: el creciente precio del
     petróleo tiene un impacto negativo sobre el ritmo de la libertad en
     muchos países, y cuando se suman suficientes Estados con suficientes
     impactos negativos, la política global empieza a envenenarse.

     Aunque no podemos influir sobre el precio del crudo en ningún país
     concreto, sí podemos hacerlo en su valor global, alterando la cantidad
     y el tipo de energía que consumimos. Cuando digo "podemos", me refiero
     a EE UU en particular –que absorbe en torno al 25% de la energía
     mundial– y a los países importadores de petróleo en general. Pensar en
     cómo alterar nuestros patrones de consumo energético para reducir el
     precio del oro negro ya no es simplemente un hobby para activistas del
     medio ambiente; es un imperativo de la seguridad nacional. Por lo
     tanto, cualquier plan de EE UU que promueva la democracia y no incluya
     también una estrategia creíble y sostenible para encontrar
     alternativas al petróleo y para hacer bajar su precio es
     insignificante y está abocada al fracaso. Hoy día, al margen de dónde
     se esté en el espectro de la política exterior, hay que pensar como un
     geo-verde.





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    19.6.06 19:05, comment

    Para escrbir a veces necesitamos los diccionarios

    En el ciberespacio existen muchos diccionarios. Incluso una vez tuve a mi alcance una maravillosa colección como nunca me lo hubiese imaginado, pero perdí ese enlace y más nunca lo he podido recuperar. Sólo me queda sugerir los siguientes enlaces : Dicc. El Mundo Ahora voy a enlazarlos con 3 adicionales , como : UNI-Dictionaries , tengamos paciencia para ver los dos enlaces que faltan, como : DICCIONARIOS y : Your Dictionary
    Un multidiccionario en español es el siguiente :
    Todos Los Diccionarios
    Y este es muy completo : MOREDIC Diccionarios
    Este último enlace es el que mejor me recuerda la colección de diccionarios que había perdido en la maraña interminable de información en Internet.

    Si se trata de escribir en HTML entoncés hay que ver el Curso Básico

    23.7.04 03:49, comment

    Escribir pero también publicar

    Para publicar artículos en internet existen muchos lugares y entre los más conocids en español es : MONOGRAFIAS Pero también un sitio en inglés se puede utilizar, o sea:


    As Featured on ArticleCity.com

    ARTICLE CITY

    Existen dos sitios más para publicar en español, o sea : ILUSTRADOS
    e igualmente : GESTIO- POLIS

    26.6.04 19:31, comment

    Trabajar con su programa Word

    Algunas personas que trabajan con su programa Word 2.000 no saben la forma de insertar bien una tabla de contenido en lo que están escribiendo; pues bien, Sharon J. Locke ha escrito un excelente libro titulado Senior Moments with word 2.000, y en su capítulo 10 desarrolla el tema de insertar tablas en su Working Paper. En versión PDF pueden acercarse a este tema en : REAL Answers Estoy seguro que les será de mucha utilidad.

    5.6.04 17:05, comment

    Una enciclopedia FREE

    La enciclopedia gratuíta de Wikipedia existe en : en WIKIPEDIA

    En este enlace puede leer los artículos en varios idiomas. La enciclopedia toca todos los temas que seguramente le van a interesar. Vale la pena revisar este enlace.

    16.4.04 04:40, comment

    Tiene dudas sobre el uso del idioma castellano?

    Si tiene dudas sobre el idioma castellano puede ver llo que señala la Real Academia Española, el Instituto Cervantes, y una cantidad de diccionario sobre este idioma así como Enciclopedias. Eso lo encuentra en : Nuestro Idioma

    También es muy conveniente que consultes con un corrector de estilo y para ello te recomiendo : HILDA LUCCI (de Argentina)

    10.3.04 15:01, comment